Un espacio destinado a la predicación del Evangelio y una poderosa herramienta de estudio para los creyentes. A través de nuestro servicio de boletines podrá recibir bosquejos, meditaciones y material biblico de sana doctrina para su crecimeinto espiritual.
El gran objeto de nuestros deseos es Dios, Jehová, el Dios de Elías; con Él todo es floreciente. Su ausencia es desastre y muerte. Aquellos que entran en alguna obra santa deberían buscar al Dios que estuvo con sus predecesores. ¡Qué misericordia que el Dios de Elías fue también el Dios de Eliseo!, y también será con nosotros.
«Pues éste es nuestro Dios por siempre y para siempre, él nos capitaneará hasta la muerte» (Sal. 48:14).
No necesitamos antigüedades para el pasado, ni novedades para el presente, ni maravillas para el futuro; sólo necesitamos al Dios Trino -Padre, Hijo y Espíritu Santo- y veremos entre nosotros maravillas iguales a las del tiempo del Dios de Elías. «¿Dónde está el Señor de Elías?»
El antiguo manto usado con fe en el mismo Dios partió las aguas, aquí y allá. El poder está donde acostumbra estar.
I. LA PREGUNTA CONVERTIDA EN ORACIÓN.
En nuestros días nuestra única necesidad es el Dios de Elías.
1. El Dios que le guardó fiel debe mantenernos firmes, aunque fuéramos dejados solos en la verdad (La Corintios 1: 8).
2. El Dios que levantó a un muerto por medio de él debe hacernos levantar a los hombres muertos en sus pecados (1.1 Rey. 17:22).
3. El Dios que le dio alimento para un largo camino debe hacernos aptos para el peregrinaje de la vida y preservarnos hasta el fin (1.1 Rey. 19:8).
4. El Dios que dividió el Jordán para el profeta, no nos faltará cuando nosotros crucemos nuestro Jordán para entrar en la Canaán celestial (2.1 Rey. 2:8).
II. LA PREGUNTA CONTESTADA.
1. El Dios de Elías no ha muerto, ni duerme, ni está de viaje.
2. Está todavía en el cielo mirando a sus escogidos; puede que éstos tengan que esconderse en cuevas, pero el Señor sabe que son suyos.
3. Tiene todavía que ser movido mediante la oración para bendecir una tierra sedienta.
4. Es todavía poderoso para guardarnos fieles en medio de la generación infiel, a fin de que no doblemos nuestras rodillas a Baal.
5. Va a venir con venganza. ¿No oís las ruedas de su carro? El arrebatará a su pueblo.
¡Cuán bueno es tener su presencia y ser ceñidos con su fortaleza! ¡Vivid de tal modo que nunca más tengamos que hacer tal pregunta!
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«¡Dios de la reina Clotilda!», gritó el infiel Clovis 1 de Francia cuando se halló en apuros sobre el campo de batalla: «¡Dios de la reina Clotilda, concédeme la victoria ¿Por qué no llamó a su propio Dios?
Se cuenta también de Saunderson, un gran admirador de Sir Isaac Newton, quien le fue hablado del Evangelio cuando estaba en salud, que se le oyó decir con acento desesperado en su lecho de muerte: «Dios de Sir Isaac Newton, ten misericordia de mí.» ¿Por qué cambiar de Dios a la hora de la muerte?
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El Dios de Elías le dio a Eliseo por un poco de tiempo la experiencia de lo dulce que es depender del Señor y de las misericordias de su bendición (1º Rey. 17:16); pero ¿dónde está el Dios de Elías en aquel tiempo cuando todo parece haber sido arrebatado y de ningún efecto?
Nuestra mesa está cubierta; sin embargo, nuestras almas están hambrientas. Nuestras bendiciones se parecen, a veces, a una nube matinal que oscurece la faz de los cielos prometiendo una grande lluvia, pero pronto se disipa convirtiéndose en una nube tan pequeña como la palma de la mano, que no vale para nada.
Sin embargo, esta generación está cegada por los medios que tienen probabilidades. ¡Ah!, ¿dónde está el Dios de Elías? El Dios de Elías le dio valentía para hacer frente a la más insolente maldad de la generación en que vivía, aunque era una de las peores. Esto aparece particularmente en su encuentro con Acab (1º Rey. 18:1).
¿Dónde está el Dios de Elías ahora, cuando las iniquidades de nuestro tiempo encuentran tan poca resistencia, y un rostro firme por Dios, una lengua hábil para hablar por Él y un corazón dispuesto a orar son tan necesarios? Los pecadores mundanos, aunque sostienen una mala causa, la prosiguen valientemente; pero, ¡ay!, el pueblo de Dios se avergüenza de su nombre por cobardía y teme comprometerse en ello.
Si Dios no nos da otro espíritu más apto para nuestros días, traicionaremos nuestra confianza y traeremos maldición a la generación que nos sigue. El Dios de Elías le hizo experimentar el prodigioso hecho de que podía ir tan lejos con una sola comida (1º Reyes 19:8).
¿Pero dónde puede experimentarse tal cosa en el terreno espiritual si son tan menguadas las comidas espirituales que actualmente recibimos? Sin embargo, ¡Cómo lo
necesitamos! El Señor parece estar diciendo a su pueblo: «Levántate y come, pues gran camino te resta»; y ¿quién sabe las dificultades que experimentaremos en tal viaje?
Hay algunos cristianos que puede tengan que pasar literalmente muchos días antes de conseguir otra comida espiritual. ¡Oh, que haya más poder alimenticio en la doctrina predicada entre nosotros!
El Dios de Elías le quitó dificultades cuando él mismo no podía hacer nada. El Jordán dividido. Del mismo modo, Pedro vio la puerta de hierro abierta ante él, por sí sola; pues cuando el Señor toma la obra en su mano, por desesperada que sea la situación, todo irá bien.